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viernes, 25 de noviembre de 2011

universo efeméride: 25 de noviembre


Mishima dirigiéndose a los soldados, poco antes de su muerte.

Hace cuarenta años, un hombre sabía la fecha de su muerte. La había fijado para el 25 de noviembre. Y en estas fechas disponía todo lo necesario para convertirse en un héroe cuando lo que recibiría es primero la burla por parte de un puñado de soldados y más tarde el estupor del mundo entero. Esta es la historia de quien nació como Kimitake Hiraoka pero eligió vivir, y morir, como Yukio Mishima. 

Considerado el novelista más importante del siglo XX en su país, Yukio Mishima, también llamado el "Hemingway japonés", murió dejando un importante legado, sobre todo, como iniciador de la danza butoh.

Nominado tres veces al Premio Nobel de Literatura, manifestaba en sus obras su profundo pesar por la esterilidad espiritual de la sociedad japonesa de la segunda mitad del siglo XX.

Su carrera literaria había sido fulgurante y llamativa. Desde 'Confesiones de una máscara' (1948), convertida en un notorio éxito azuzado por las confesiones homoeróticas que Mishima formula en sus páginas. Pero, aunque visitó bares de ambiente en Japón, permaneció como observador, y sólo tuvo encuentros con hombres cuando viajó al extranjero. Después de considerar brevemente el enlace con Michiko Shoda. que luego se convertiría en esposa del Emperador Akihito, se casó con Yoko Sugiyama en 1958. En los tres años siguientes la pareja tuvo una hija y un hijo. 

En 1958, cuando se conocieron las inminentes bodas tanto del príncipe heredero Akihito como de Mishima, una revista femenina japonesa publicó una encuesta con la maliciosa pregunta «Si se tratara de los únicos hombres en la Tierra, ¿con quién preferiría casarse, con el príncipe Akihito o con el escritor Yukio Mishima?». La mitad de las encuestadas optó, con cruento humor, por señalar su preferencia por el suicidio. 

Cabeza de Yukio Mishima.
En 1968 fundó con un grupo de amigos la Sociedad de los Escudos, una organización paramilitar de jóvenes que, desencantados con la debilidad de las instituciones imperiales y la obsecuencia constitucional del ejército, propiciaban un resurgimiento del Bushido, el tradicional código de honor samurai. Dos años más tarde, ocupó con su grupo, aunque sin uso de armas, la sede del estado mayor nipón en un intento de forzar la recuperación de los ideales heroicos de preguerra. Con un manifiesto preparado y pancartas que enumeraban sus peticiones, Mishima salió al balcón para dirigirse a los soldados reunidos abajo. Su discurso pretendía inspirarlos para que se alzaran, dieran un golpe de estado y que devolvieran al Emperador a su legítimo lugar. Sólo consiguió que se mofaran de él. 

Ante el fracaso, regresó al despacho y se sentó mirando a la ventana. Masakatsu Morita, miembro de la Tatenokai, tras él, preparó la katana. Una espada corta, agarrada con las dos manos, sirvió a Mishima para abrirse el vientre. A su lado, un pincel y un papel estaban preparados para que Mishima con su sangre escribiera la palabra espada. No tuvo fuerza. Cayó hacia delante. Morita intentó decapitarlo. Dos veces. Fue Furu-Koga, quien asestó el tercer y definitivo mandoble. Morita repitió los gestos de Mishima. A Furu-Koga le bastó un único tajo para que la segunda cabeza rodara. Puestas derechas una junto a la otra, los cadetes se inclinaron ante ellas con las manos juntas. Desamordazado, el general pudo saludarlas también. Los supervivientes lloraban. «Llorad todo lo que queráis» fue el consejo del general Mashita antes de la rendición y de ser liberado. Eran las doce y veinte. Cuatro años de cárcel sería la condena para cada uno de los supervivientes. 

A la mañana siguiente, Yoko, la viuda de Mishima, encontraría en casa el último mensaje de su marido: «La vida es breve, pero yo desearía vivir por siempre». En el funeral, la madre de quien naciera como Kimitake Hiraoka, al ver que un invitado depositaba ante el retrato del difunto un ramo de rosas blancas, dijo «Debías haber traído rosas rojas para celebrarlo. Era la primera vez que Kimitake hacía algo que siempre había querido hacer. Alégrate por mí».

Fuentes: diario Sur y Wikipedia.

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